Regresa a casa y que dios te acompañe

by Dany del Pino Rodriguez

 

Regresa a casa y que dios te acompañe

by Dany del Pino Rodriguez

Nunca he comprendido porque las personas enfermas de cáncer son condenadas a morir en casa en algunos lugares del mundo, aún cuando necesitados de atención médica especializada, sutilmente se les obstaculiza la estancia en centros hospitalarios. Nunca he comprendido el porqué de tan absurda decisión propia del maltusianismo más ortodoxo. Nunca lo he comprendido y no lo comprenderé, especialmente después de vivir una dura experiencia donde tropecé con la terrible madeja de las rígidas prácticas que desde las instituciones reducen la condición humana. Difícil batalla contra el cáncer tendrá la sociedad actual si ciertos ejercicios persisten, especialmente esos de naturaleza burocrática.
El 26 de Septiembre de 2021 mi padre murió en la Habana después de una larga hospitalización en la sala de geriatría del hospital Joaquín Albarrán. Falleció en casa resistiendo los embates de una tumoración pulmonar y de una serie aberraciones institucionales que dificultaron sus últimos días. En 2021, él fue uno de esos 24000 cubanos que aproximadamente fallecen cada año debido a tumoraciones malignas según reportes del Ministerio de Salud Pública de la Isla. Después de la cardiopatías, el cáncer es considerado la segunda causa de muerte en la nación caribeña (reportes recientes lo citan como la primera causa de muerte de los últimos años).
En 2010, Cuba implementó el Programa Integral para el Control del Cáncer (PICC). El mismo se actualizó en 2017. Este programa constituye el documento rector para la lucha y el control del cáncer en la isla. Pero, ¿cuán efectivas podrían ser las estrategias trazadas en dicho programa cuando el ejercicio de determinadas prácticas pueden lastrar los objetivos del mismo?
En mi opinión la experiencia vivida junto a mi padre abre un montón de dudas al respecto. Mi padre, diagnosticado tardíamente de cáncer de pulmón fue egresado cuando su condición de salud más crítica era. Él murió cuatro días más tarde agonizando entre profusas diarreas, incontrolables picos febriles y una intensa tos húmeda. Extrañamente todos los miembros de la familia quienes estuvimos cerca de él durante sus últimos días, enfermamos con COVID-19 poco tiempo después.
Mi padre ya no está. Ahora su cuerpo descansa en un olvidado cementerio en las afuera de la ciudad. Por mi parte, solo desearía que esta historia ayude a movilizar la conciencia colectiva para que nadie más viva la triste experiencia que le acompaño durante sus últimos días, cuando su suerte fue entregada a las manos de dios.
1- Fotografía de mi padre hospitalizado en la sala de geriatría del hospital Docente Clínico Quirúrgico Joaquín Albarrán de la capital cubana. Su internamiento en dicho centro comenzó el 10 de mayo de 2021 cuando se le diagnosticó de una severa neumonía en el pulmón izquierdo.

2- Tomografía Axial Computarizada (TAC) realizada el 27 de agosto de 2021. Acorde al informe emitido algunos días más tarde por el equipo de radiólogos del hospital, el pulmón izquierdo sufría de una lesión tumoral en el lóbulo inferior. La misma se había diseminado al lóbulo superior derecho, la pleura y al lóbulo hepático derecho.

3- Terapia de aerosol con salbutamol durante los últimos días la hospitalización. Poco después de conocerse el diagnóstico de cáncer de pulmón y con él la intensión de egresarlo, se suspendió la administración de oxígeno, gas medicinal indispensable hasta ese momento para su terapia de sostén. La decisión de enviarlo a casa donde no se disponía de balones de oxigeno, generó fricciones entre los familiares y el equipo médico a cargo de su caso. A partir de lunes 13 de septiembre se le orientó el uso aerosol con salbutamol dos veces al día. La suspensión de la oxigenoterapia allanó el camino para la decisión médica de enviarlo a casa algunos días más tarde.

4- Mi padre en el parqueo del hospital pocos minutos después de su egreso. Le acompañan mi madre, mi tío (su hermano Jimagua), dos amigos y yo. En ese momento gestionábamos un taxi o algún transporte con un costo asequible para trasladarle a casa definitivamente. Para la fotografía, su hermano, denotando gran ingenuidad, se retira la mascarilla y posa ante la cámara sin reparar en la gravedad de la situación.

5- De regreso a casa en compañía de mi madre. Su rechazo a permanecer en el hospital creció a medida que las tensiones alrededor de su caso aumentaban por la negativa nuestra a llevarlo a casa si no existían las condiciones mínimas para su atención. Una noche me dijo que ya no quería permanecer en aquel lugar porque nada estaban haciendo. Creo que comenzaba a percibir que algo no andaba nada bien. El 22 de septiembre de 2022 abandonamos el hospital Joaquín Albarrán definitivamente.

6- Bolso que siempre acompaño a mi padre durante su hospitalización para transportar documentos médicos de valor.

7- Debido a la ausencia de antipiréticos, el uso de compresas de agua fría fue el método más eficaz para el control sus contantes picos febriles. En su última semana de vida, la fiebre se tornó más agresiva y frecuente. La fotografía se tomó en casa al otro día de su egreso y dos días antes de su fallecimiento. En ese momento ya carecía de todo tratamiento médico.

8- La fotografía muestra a mi papá profundamente depauperado junto mi madre y juntos minutos antes de su muerte el domingo 26 de septiembre.

9- Una de las pantaloneta de pijama vestida por mi padre durante el curso de su enfermedad.

10- Altar con flores de mariposa y vasos espirituales creado un día después de su deceso para, según la tradición espiritista, facilitar el acenso de su espíritu.

11- Ataúd donde descansan los restos mortales de mi padre. Su cuerpo no pudo ser cremado como deseaban los familiares debido a la falta de capacidad de los crematorios para responder a la demanda del servicio en esos días en los cuales la COVD-19 golpeó con más fuerzas en Cuba.

12- Reducido grupo de familiares dándole un último adiós el 26 de septiembre de 2022 en la tumba colectiva de un cementerio de la periferia de la ciudad.

13- Documento de egreso médico emitido el (…) por el equipo médico de la sala de geriatría. Él mismo contiene elementos relacionados con el diagnostico, análisis complementarios, tratamiento a seguir por el sistema de salud primario, así como la indicación de regresar a consulta a los seis meses. Mi padre ni siquiera pasó más allá de noventa y seis horas después de egresar.