Brazos Tareferos

por Juan Amadeo

Brazos Tareferos - Portfolio fotográfico de Juan Amadeo publicado en el Año 2 Nro 2 del mes de Diciembre 2017
Todo el rico sabor que uno obtiene cuando toma un mate, se fue tornando a medida que pasaban los días más y más amargo. Mis cámaras captaban los instantes de la cosecha y mis conversaciones las demás penurias que soportan los cosecheros.
La familia que me dio asilo, tiene una casa con un par de hectáreas de terreno al sur de El Dorado, pero a la muerte del marido tuvo que salir todo el núcleo familiar a la cosecha para generar algunos pesos, lo cual originó el abandono de la casa y los pequeños cultivos que tenían. Eso también significó el abandono de la escuela por parte de la menor. Otras familias que tienen hijos en edad de amamantar, los llevan con ellos y mientras la madre corta ramas los bebes se mecen cerca en una especie de hamaca paraguaya o "juegan" a cortar ramas. Entrar al monte y al yerbal, es entrar a otro mundo. Los distintos campamentos familiares están cerca uno de otros, pero cada familia convive en un solo techo y los colchones y frazadas uno al lado de otro. En el yerbal no hay electricidad por lo cual el consumo de carne es imposible por el costo y por la falta de refrigeración. La comida obligada es el "REVIRO": harina, grasa y sal, todo molido con un mortero en una olla negra de fundición.
La paga es por kg cosechado y si hay palos gruesos devuelven la manta entera. La manta es un lienzo raído por el uso, donde se acumulan las ramas de yerba. Luego atan las puntas, lo cargan sobre sus espaldas y lo tiran al camión. Cada saco o manta pesa entre 100 y 120 kg. Y si llueve no hay cosecha ya que las hojas mojadas no pueden ir al secadero. Cada cosechero tiene un número, el mismo que tienen las mantas. Luego suman los kilos, descuentan los gastos de almacén (yerba, harina, guantes, naylon) y les pagan.
El desarraigo es el común denominador. La gran mayoría tiene que dejar su casa, cargar todos sus hijos y vivir durante meses de yerbal en yerbal. Y la vida ahí dentro no es nada grata. La comida escasa, el agua del río, el piso de cama. Nada de escuela y a seguir la vida de cosechero. Leer mas...

 

 


 

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