Este es un trabajo documental, iniciado en 2014, que surge de la pregunta acerca del valor que adquiere la poesía en contextos de encierro tales como los manicomios, donde la creatividad se confronta diariamente con el exceso de psicofármacos y la inspiración parece brotar como respuesta al abandono y la desidia propios de este tipo de lugares.
Las dificultades que encuentra el acto de escribir en estas instituciones colocan al ejercicio poético en la categoría de supervivencia y lo convierten en una vía privilegiada para poner en palabras y desanudar diferentes experiencias de marginalidad, entre ellas la internación. La poesía es un camino con una larga tradición en adentrarse y desnaturalizar situaciones cotidianas que vulneran los derechos de las personas –dentro y fuera del manicomio- como el aislamiento, la violencia física, la sobremedicación y la exclusión social.
Nombres ilustres como Marisa Wagner –internada en la Colonia Montes de Oca por 5 años-, Jacobo Fijman – 29 años en el hospital Borda - o Leopoldo Panero – con casi 40 años de tránsito por diversas instituciones españolas- tuvieron la entereza de subvertir el poder psiquiátrico que los doblegó durante años y lograron llevar adelante obras con un alto valor estético. Las mismas además han ayudado a reflexionar sobre las condiciones de vida que los hospicios ofrecen a sus huéspedes y cómo las sociedades desprecian a quienes están más allá de los márgenes.
La mayoría de estas obras fueron realizadas durante la internación de sus autores y autoras en hospitales psiquiátricos de Buenos Aires y Madrid, ciudades icónicas respecto a la creación de obras literarias mal-conocidas como malditas por haber sido realizadas en esos contextos. Por tal motivo, ambos lugares fueron los elegidos para iniciar la búsqueda de poetas que atravesaron experiencias similares y también se aferraron a cada verso como una forma de entender aquellos tránsitos y reconstruirse.