El miedo y la desconfianza reina en este lugar, ser refugiado en Calais te expone a mucho, tal vez a más de lo que pueda imaginar. Durante un tiempo compartí con ellos ese estado de incertidumbre, refugiados y voluntarios jugando al gato y al ratón con las autoridades locales, hacer más, para cuando venga la policía a sacarle sus cosas no se puedan llevar todo. Día tras día mueren en sus autopistas 2 o 3 migrantes tratando de llegar a cumplir su sueño. ¿Estamos dispuestos a morir por nuestros sueños?. La imagen, tomada por una acción mecánica bajo el ojo y la sensibilidad de un profesional puede transformarse en algo más que un proyecto documental o un simple registro fotográfico, y muchos no tienen en cuenta eso. El gobierno británico a cada migrante que entra en su territorio, es decir, que a cada refugiado que puso su vida en peligro para llegar a esa tierra prometida, lo somete a un reconocimiento facial (su rostro, de manera algorítmica, es buscado dentro de la red). Tras el registro biométrico del rostro del recién llegado se puede hacer un control sobre Internet y buscar a ese individuo para poder descubrir si su imagen estuvo en alguna publicación, si se llegara a demostrar eso, el solicitante a asilo puede ser devuelto al continente y rechazar su pedido. El gobierno inglés les exige que no hayan sido registrados ni hayan estado en el Continente Europeo antes de llegar a su isla, una acción casi imposible, y la mejor manera de descubrir eso es dentro del océano de información que hay en Internet. Ese ser, despojado de toda humanidad, obligado por las autoridades francesas a dormir bajo los árboles y a vagar todos los días como animales, les tiene un terrible terror a los fotógrafos. Ese reportero gráfico que viene con su herramienta de trabajo, captura esas fracciones en segundos y se va, no sabe, en el mejor de los casos, el mal que le pueden estar produciendo a la vida y a al sueño de sus retratados. El voluntario, aquella personal que viene de muchas partes del mundo a dar su tiempo y fuerza, para demostrar que el mundo puede ser un lugar mejor. Desayuno, almuerzo y cena, cada día, sin descanso para 3 mil personas. Recolectar, clasificar y distribuir, remeras, pantalones y abrigos para mil personas que cada día es despojada de ellos, también es un trabajo que se repite día a día en esta pequeña ciudad. "Forman a un grupo de refugiados en hilera y sin medir palabra la policía les rocía gas pimienta en sus rostros", normalmente el migrante no tiene agua ni nada para calmar las dolencias del gas y tiene que caminar durante largo tiempo para poder llegar a un río para lavar su cara y desechar su ropa, que en muchos casos es la única que tiene. Durante las noches frías del norte francés un escuadrón policial se dirige silenciosamente hacia las moradas de los visitantes indeseados y les decomisan todas sus pertenencias, las que no pueden quitarles se las rompen, bolsas de dormir rotas, sin zapatillas y sin abrigos. Estas personas son dejadas a merced del clima. Cuanta violencia, ¿no?. El proyecto nace en este marco, con la imposibilidad moral de darle un rostro a todo ese sufrimiento y con el terror y la desconfianza de los desvalidos, pero con las manos fuertes y firmes de los voluntarios que cada día luchan para que el humano sea tratado como tal. El Reflejo Social juega en con ese doble discurso, voluntarios tapando sus caras, el fiel reflejo de una sociedad que prefiere no ver, someterse solo a sus conflictos personales y a la desinformación, para no comprometerse a tratar de cambiar esta realidad que nos explota en la cara. Nicolás Heredia, Calais, Francia, 2017 Somos la misma sangre, la misma humanidad y el mismo corazón. Somos humanos más allá de cualquier bandera. Digamos "nosotros" y no "ellos" para abrazar la unidad de todo el género humano.