Historias Guerrilleras

por Paula Acunzo

Historias Guerrilleras - Portfolio fotográfico de Paula Acunzo publicado en el Año 1 Nro 6 del mes de Abril 2017
Hoy leí que se comieron a Manzanita. Una anécdota del campamento de las FARC -EP. Es raro empezar una historia diciendo que se comieron a Manzanita. Quién es Manzanita? Era el chanchito de Sandra, enfermera perteneciente al Frente 34 de las FARC-EP, Alberto Martínez. Después de la firma de Paz se suponía el Estado les proveería de alimentos y de lo básico pero eso ocurría escasamente y sacrificaron a Manzanita. Además Sandra lo cambió por un celular.
Mi nombre es Paula Acunzo y soy reportera. Decidí irme para Colombia, quería seguir de cerca el ese proceso de paz que se había logrado entre el Estado colombiano y las FARC-EP.
Una vez que llegué a Colombia, viajé primero a Quibdó y desde ahí hacia la zona de Antioquia para encontrarme con el Frente 34 de las FARC-EP.
El encuentro no iba a ser una tarea fácil. El viaje fue bastante prolongado. Partiendo desde Quibdó son 4 horas hasta Tagachi. Y desde Tagachi son unas 3 o 4 horas más dependiendo de cómo se moviliza la embarcación que te traslada. Sólo se accede mediante río.
El fundamento de mi proyecto era humanizar y contextualizar a los guerrilleros, que si bien habían beligerado durante 52 años, eran campesinos con ideales, con buenos modales y que tenían sinceras intenciones de lograr la justicia social y una mejor Colombia, que muchos habían sufrido inequidades por parte del Ejército y acosados por el paramilitarismo. Si bien uno puede estar de acuerdo o no con la posición de la guerrilla en cuánto al uso de las armas, era al menos interesante conocer esa vida.
Finalmente y después de varios inconvenientes llegué al Frente. El calor era sofocante. Ese mundo iba a ser mi vida por los siguientes días. Los guerrilleros me recibieron de muy buena manera. Quedé sorprendida porque ese día estaban vestidos de civil porque la noche anterior se había realizado una vigilia por la paz, donde cristianos habían rezado durante horas para pedir por la misma. Había un clima de calma. Muchos se encontraban en sus propias caletitas que son una especie de chocitas de madera, con el techo y las paredes de lona verde.
Además de esas casitas había dos zonas comunes. Uno era una especie de auditorio, donde se daban constantemente charlas, el otro era un comedor con mesas largas, ambos techados.
En las horas de descanso los guerrilleros se encontraban relajados mirando televisión, bailaban reggaeton, algunos cantaban con acordeón o estudiaban. Otros se encontraban “mutilando” (cortándose el pelo). Esos cortes de pelo eran particulares rapados pero con dibujos, líneas, imágenes como las de una flor, por ejemplo.
Contaban con su propio generador, con antena de cable y wifi. Eso les daba la posibilidad de tener energía eléctrica entre las 05:00 AM hasta las 06:00 PM, a veces hasta las 10:00 u 11:00 PM.
Me instalaron en una parte del campamento que era para la prensa. Las camas se encontraban como en un espacio común. El lugar no era incómodo, pero sentía que me faltaba privacidad ya que las camas de madera con colchón y mosquitero no tenían privacidad. Iba a tener que cambiarme, y realizar cualquier actividad frente a casi todo el campamento. Al hablar con el guerrillero encargado de la prensa, decidió instalarme en una de las caletas. En ella estaba muy cómoda, muy cerca del comedor y de la sala de conferencias... Leer mas...

 

 


 

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