Perdido en el Tiempo

por Tadeo Bourbon

Perdido en el Tiempo - Portfolio fotográfico de Tadeo Bourbon publicado en el Año 1 Nro 10 del mes de Agosto 2017
Una vez que me bajé del taxi me dí cuenta de que no había traido la dirección exacta. Comencé a desesperarme, todo se me hacía extraño. Sin más opción que pedir ayuda opté por apelar a la generosidad de la que se hicieron fama los cubanos. Sin darme tiempo para elegir, una cubana me eligió. Carelia, me vió con la mochila enorme y se acercó. No tuve que explicarle mucho, tras contarle mi problema, agarró uno de mis bolsos y me llevó a lo de su amiga Lorena que alquilaba cuartos a turistas.

 

El viaje desde el aeropuerto hasta el centro me había bloqueado. Había llegado. Después de tanto planearlo estaba en la Havana. Una mezcla de adrenalina y miedo me invadió. El paisaje que me encontré mientras viajaba en un antigüo taxi era una mezcla antagónica, contradictoria. La desolación de los edificios derruidos y grises en contraste con el color y la intensidad de la gente.

 

Lorenaaaaa, Lorenaaaa, gritá Carelia, ante un edificio arrugado como una nuez. Cinco pisos de una construcción descascarada y muy antigüa donde el único timbre es la voz de uno. Atónito observo la situación sin comprender porque Lorena no responde ante tamaño concierto de gritos. Superando mis expectativas Carelia, gritó más fuerte y, finalmente, Lorena se asomó desde el último piso.

 

A medida que recorría esas dos cuadras hasta la casa de Lorena observaba una vida por completo extraña y lejana a mi Buenos Aires natal. Observé como todos se conocían entre sí y se saludaban desde lo mas alto de sus balcones hasta lo más bajo de los edificios. Los gritos de los vendedores ambulantes promocionandose se mezclaba con la tos y traqueteo de los viejos motores que arrastraban esas pesadas y pintorezcas carcasas americanas de los años 60´. Mientras tanto los niños y niñas corrían hacia la escuela, sus casas o las plazas.

 

No pude imaginar mejor bienvenida. Lorena y Carlos me ofrecieron una hermosa habitación y contemplando que era estudiante me hicieron un precio accesible. Estuve en la Havana 8 días y me vastó para formar una hermosa relación con ellos. Me invitaron a comer y me regalaron libros. Respondieron con paciencia todas mis preguntas sobre la vida cubana y me llevaron a conocer rincones escondidos de la ciudad. Tan solo eso, estar con ellos e interesarme por su vida y ellos por la mía fue suficiente para transformarnos en familia.

 

Pasaron los días, hasta convertirse en un mes, se siguieron sumando los días y a casi dos meses de estar en la isla, la tuve que dejar. Cuba es muy distinta a pesar de ser tan pequeña. Conocí Santa Clara y el mausoleo el Che un lugar simbólico y con una energía especial. Visité playas paradisiacas sin ninguna intención de ostentar su hermosura. Tuve la oportunidad de conocer pequeños pueblos, donde la gente no tenía que ofrecer más que su tiempo, donde las charlas y el intercambio era por interés genuino en el otro. Caminé por distintos malecones, desde el exhuberante y pretensioso de La Havana, hasta el humilde pero hermoso de Baracoa. En uno u otro uno se expone a un diálogo silencioso con el mar y las paredes que de tanto contenerlo están desgastadas. Conocí los pueblos más antigüos de la isla, Patrimonios de la Humanidad, donde los colores y las construcciones hablan de la conquista española, pero también, y sobre todo, hablan mucho más de la enmancipación de un pueblo que decidió, en conjunto, luchar contra el imperialismo y las grandes potencias, que eligió la revolución como modo de vida, para luchar contra el analfabetismo, el deterioro de la salud y la desnutrición.

 

Hoy Cuba es el único país de latinoamérica donde no hay desnutrición infantil, donde existe el mejor sistema de salud gratuito y donde hay analfabetismo cero. Leer mas...

 

 


 

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