Pertenecer a la selva Los Pigmeos Baka

 

Los Baka son un pueblo seminómada de cazadores recolectores ubicados históricamente en la selva ecuatorial africana, al sureste de Camerún.
Ellos son "especialistas" en la selva en todas sus formas. Expertos en el uso medicinal, el vínculo espiritual y las cualidades nutricionales de las plantas y animales que los rodean.
Son comunistas en el sentido estricto de la palabra. Entre ellos se disuelve el límite entre lo "mío" y lo "tuyo", privilegiando el bien común como el valor más preciado.

 

Los Baka como otras poblaciones nómades, se organizan en grupos familiares y pequeñas comunidades de veinte a treinta personas. Aunque aceptan la poligamia, entre los pigmeos predomina la monogamia. No pagan precio alguno por la novia, aunque el grupo familiar del marido suele compensar al de la esposa con una de sus propias mujeres, en lo que podría llamarse matrimonio por canje de mujeres.

 

Cuentan el parentesco por las dos líneas, paterna y materna; y las decisiones se adoptan por consenso entre adultos de ambos sexos. Por ser los que más tiempo dedican a sus hijos, los pigmeos Baka han sido declarados los mejores padres del mundo por el Fathers Direct, un centro británico de información sobre paternidad.

 

Los Baka tienen un profundo conocimiento sobre las plantas y los animales. Son curanderos reconocidos, saben utilizar la selva como farmacia gigantesca en sus raíces, cortezas y hojas. Los problemas de salud, especialmente nutricionales, están ligados a la falta de reconocimiento de los derechos territoriales de la selva de la que han dependido desde siempre.
Un estudio reciente de la Organización Mundial de la Salud (2014) evidencia que allí donde las comunidades pigmeas siguen teniendo acceso a los recursos abundantes de la selva de los que han dependido tradicionalmente, su nivel de salud y nutrición es bueno. Cuando se ven desplazados de la selva, a menudo sin alternativas para ganarse la vida, las consecuencias son previsibles: caída progresiva en la pobreza, desnutrición y ocurrencia de nuevas enfermedades. Las comunidades pigmeas que viven en la selva tienen tasas más bajas de enfermedades como malaria, reumatismo, infecciones respiratorias y hepatitis C en comparación con las poblaciones sedentarias Bantu que viven cerca, pero fuera de la frondosa selva.

 

Los Baka viven en mongulus, chozas construidas con hojas y troncos de palmera. Estas pequeñas casas redondas son hechas por las mujeres, utilizando ramas clavadas en el suelo por sus extremos, las que se cruzan en la cúspide y se recubren con hojas. Tienen una única puerta por donde entra la luz natural, y una sola habitación que puede llegar a acoger a familias de hasta diez miembros.

 

Los grupos suelen estar en un mismo campamento entre tres y cinco meses, dependiendo del período de lluvias y las riquezas que encuentren en cada lugar. Con esto buscan que "la selva vuelva", permitiendo así que las especies vegetales y animales de cada zona se regeneren. Es el sentido más básico, original y también actual para la sostenibilidad de los ecosistemas.

 

Como otros grupos pigmeos de áfrica, los Baka han vivido por siglos sin mayores problemas hasta que la explotación de la madera comenzó a adquirir dimensiones colosales. El sector maderero en Camerún se ha multiplicado por 25 en una década. Las selvas tropicales se han convertido en presa y botín que se disputan empresas forestales, cazadores furtivos, madereros ilegales, incluso el Estado. El masivo proceso de deforestación está privando de los recursos esenciales para la sobrevivencia biológica y cultural de los pueblos nativos.

 

Su guerra, como su vida, es diferente. Los Baka mantienen su actitud serena y amigable. Su arraigo y predisposición a la integración reflejan la simplicidad de lo más auténtico: una racionalidad ambiental centrada en los derechos colectivos y culturales.

 

"Mis días en la selva parecen un misterio, mostrándome un mundo que parece esfumarse sin dejar rastro. Ellos me hacen todo fácil: son amistosos, generosos, sociables. Hay una suerte de diálogo donde ambos nos permitimos avanzar. Se muestran al desnudo, al natural, sin tapujos ni especulaciones. Me enseñan su mundo. Es otro ritmo, otro tiempo. Sus caras, sus gestos bien marcados, me miran. Entonces los miro y cantan, siempre cantan, como si la vitalidad que les contagia la selva fuese inagotable. Los siento sabios, de una gran fuerza moral. Al mismo tiempo frágiles, muy frágiles. Su espíritu de resistencia pacífica, su alegría y sentido de pertenencia es lo que más me ha marcado. Ya de regreso me pregunto, qué será de ellos?, cuánto más durará su resistencia? Intento responder, pero me invade el pesimismo."