Posguerra

 

Posguerra

Publicado en el Año 3 Nro 10 del mes de Agosto 2019 pág.54

 

 Con la guerra de Mailvinas en la mochila

Memorias de la postguerra no es un libro sobre Malvinas. Es un libro sobre lo que nos dejó Malvinas. Sobre lo que recordamos de la guerra y sobre cómo la guerra impactó en aquellos que fueron.
¿Qué quedó de Malvinas? ¿Qué resonancias, persistencias, olvidos o silencios retumban y permanecen? ¿Qué ecos, rencores, objetos y amigos resisten el paso del tiempo? ¿Qué pasó cuando volvieron a sus casas los hombres que allí combatieron? ¿Cómo convirtieron sus experiencias vividas en recuerdos? ¿Y cómo conviven con esos recuerdos?
El libro de Gonzalo Mainoldi es una forma visual para reflexionar sobre estas preguntas. Y lo hace a través de series de imágenes, no con fotografías aisladas o desconectadas entre sí. Cada serie es un conjunto.
Los paisajes borrosos en blanco y negro de la serie Brújula marean. Como si fuese difícil recorrerlos, como si viajásemos por ellos sin rumbo, sin poder ubicarse en tiempo y espacio. Hay vacío, quietud y desolación en ese paisaje.
Las fotos de esa serie fueron tomadas en Malvinas en el año 2012 con una cámara Holga, un tipo de cámaras de bajo costo fabricadas a principios de la década de 1980. Son fotos movidas, fuera de foco, con fugas de luz, distorsiones y efectos borrosos. Forma y contenido se entrelazan, se potencian, se ayudan para decir. En esta serie los paisajes no son paisajes, las sombras y los caminos no son solo sombras y caminos. Una pradera, un montón de escombros o una formación rocosa se vuelven significantes. Alguien vuelve a Malvinas. ¿Qué ve cuando vuelve? ¿Qué siente? ¿Qué recuerdos se le remueven?
No hay en las imágenes intenciones literales. Hay más bien una búsqueda sensorial, una historia común que se desenvuelve en paisajes despersonalizados. No hay retratos ni historias con nombre propio. Las fotos muestran lo que unió a todos aquellos que combatieron en las islas. Un territorio que se muestra hostil.
El libro no busca un registro documental sino ser un disparador emocional. Hay encierros, confusión, sensaciones de ahogo, de aislamiento y soledad. Pero también hay contención, silencios, algo de paz.
El autor compartió un viaje con excombatientes y en esa convivencia reaparecieron los recuerdos, el dolor de lo no dicho, también el compañerismo, la solidaridad, las risas que salvan.

Cora Gamarnik

La dictadura militar no solo fue incapaz de planificar y conducir la guerra, de alimentar y abrigar correctamente a los soldados, sino que luego de la rendición generó dispositivos para ocultarlos, para impedirles que narraran lo que vieron y vivieron. El regreso de los soldados de las islas era una amenaza para las FF.AA., por eso diseñaron un sistema específico de control y censura para que Malvinas quedara en el olvido. Los soldados eran testigos incómodos. Ese fue el motivo por el que fueron obligados a firmar declaraciones que los comprometían a no contar lo que habían visto y vivido en las islas.
Frente a ese intento de ocultamiento, la fotografía emerge como una forma del recuerdo. Como una nueva visibilidad. Fotografiar, hacer un libro de imágenes es volver a recordar. Es ayudar a que la memoria encuentre canales, vestigios y trazos. El libro también se (nos) pregunta: ¿qué huellas visibles o invisibles quedaron de la guerra? Vemos cuerpos sumergidos en agua: flotan, respiran, se hunden y salen a superficie. Cierran los ojos, aprietan fuerte los ojos cerrados. A veces duele tanto el recuerdo como la indiferencia.
Las fotos son próximas, el fotógrafo también se hunde, se acerca para crear esa imagen. No hay entonces una realidad externa que es capturada por una cámara. Hay una relación entre el afuera y la imagen, entre fotografiado y fotógrafo, entre el agua y la guerra. La estética no elude el drama, pero tampoco lo espectaculariza. Hay una complicidad, una puesta en juego, un otro que se sumerge para crear y para recordar. Para ayudar a contar.
Las fotos en Memorias de postguerra no explican los hechos, no hay un discurso ni una interpretación fácil. Provocan sensaciones. Se percibe algo honesto y genuino en cada toma. Se percibe la cercanía y la confianza. Y eso no se logra fácilmente ni se regala. Se ofrece.
La serie llamada Fósil está compuesta por objetos traídos de las islas que los propios excombatientes encontraron en sus regresos. Cada objeto nos ubica en un tiempo y un espacio. Son objetos del despojo. Señalan la precariedad, la improvisación y el hambre que pasaron los soldados en las islas. Cada objeto dispara sensaciones distintas. La luz los aplana y el foco –a diferencia de los paisajes de la primera serie– es nítido, claro. Todos los objetos están fotografiados de la misma manera, sobre fondo negro o sobre fondo blanco. ¿Qué dicen los objetos? ¿Qué hay en ellos de Malvinas?
Muchas veces las fotos dicen más que lo que muestran. Estamos ante el después de la guerra, ante lo que queda. La materialidad que muestra el paso del tiempo, la precariedad, el abandono, la impericia de los mandos militares, la inclemencia del clima. ¿Cómo hacerlos hablar? ¿Cómo habla una zapatilla maltrecha? Todo aquel que conozca algo al menos de lo que sucedió en Malvinas entiende la imagen.
En la serie Coexistencia las voces se entremezclan. Hay en cada composición una temporalidad ambigua, pasado y presente entremezclados, confundidos. ¿Cómo eran antes ellos? ¿Cómo son ahora? ¿Qué queda de aquel joven que fue a las islas? A través de una superposición de imágenes el autor hace coexistir el tiempo.
Las fotografías no buscan el efecto fácil ni el golpe directo. Invitan a mirarlas y a volver a mirarlas. Vemos abrazos, textos, objetos, otras fotos. Una a otra se superponen y enciman. Ojos que miran fijos desde Malvinas, que se cruzan con la mirada de un chico que sonríe en brazos de su mamá.
Somos combinaciones, recuerdos, yuxtaposiciones entre lo que nos pasó y lo que hacemos con lo que nos pasó. Eso parecen decir.
Los mundos paralelos se superponen, pero no se enlazan.
Al final lo que cuenta es la suma de las cuatro partes. ¿Qué queda hoy de Malvinas? ¿Cómo conviven en nosotros los recuerdos con lo no dicho? ¿Qué pasó con sus regresos? ¿Qué parte de ellos aún sigue allá?
Gonzalo Mainoldi lleva años creando Memorias de postguerra . Confía en el poder de la fotografía para decir, para contar y para mostrar. Frente a estas fotos nosotros imaginamos la experiencia de la guerra.
Es un libro de fotografía. Pero también una búsqueda de empatía.

 


 

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