Siesta Andaluza

 

Siesta Andaluza

Publicado en el Año 5 Nro 3 del mes de Enero 2021 pág.50

 

 Camino por calles y callejuelas con pendientes. Observo la presencia replicada de lazos negros en carteles de luto, como gritos, en algunas de sus fachadas comerciales. Voces potenciadas por la ausencia de aromas, sabores, imágenes, sonidos, costumbres y ritmos, me invitan a indagar en la expresión gráfica, pública y deliberada, de las consecuencias tangibles de la crisis económica que sufre el sector de la hostelería, a causa de la pandemia de coronavirus. Intercaladas a modo de flashes con la realidad, veo pasar en mi mente una sucesión de imágenes en blanco y negro de frentes de comercios cerrados. En unas hay simetría y grafitis, en otras asimetrías y carteles iguales. Me detengo en las tipologías características de las ciudades que ambas habitan. Mi punto personal de contingencia es, muy pudorosamente, la memorable serie Siesta argentina, acerca de la crisis del 2001 en Buenos Aires, de Facundo de Zuviría.
Durante la actual segunda ola de coronavirus en España, el toque de queda y las consecuentes restricciones, condicionan nuevamente el horario de apertura y cierre de los negocios y profundizan la crisis económica del sector de la hostelería y los pequeños comercios. La limitación horaria es -“la siesta”- tópico no pocas veces asociado a Andalucía, la región más cálida de toda Europa. En verano, cuando se siente que el calor emana del mismísimo magma de la Tierra, recuerdo a Juan Rulfo en la voz del personaje de Abundio Martínez en Pedro Páramo que, para dimensionar el intenso calor de su Comala, no escatima en afirmar: “Con decirle que muchos de los que allí se mueren al llegar al infierno regresan por su cobija”. Esa pausa, despojada de su necesidad, de su mística y de sus detractores deviene, en la eventualidad de la prohibición, en el sueño inducido de un paciente en estado crítico.

 


 

En este número