Un Gato Viejo y Chatarrero, Carlos Regazzoni

por Daniel Coitiño

Un Gato Viejo y Chatarrero, Carlos Regazzoni - Portfolio fotográfico de Daniel Coitiño publicado en el Año 4 Nro 7 del mes de Mayo 2020
Tuve oportunidad de conocer el Museo Regazzoni un tiempo atrás, durante una Gallery Night. El lugar y su atmosfera, y su revuelo, me dejaron fascinado. Así que decidí volver.
El 17 de mayo de 2016, tras algunos mensajes y llamadas buscando autorización para visitar y hacer fotografías en el museo, me fue concedido. A las 10hs. estuve ahí en una mañana radiante de otoño.
Fui recibido por Arnald, uno de sus asistentes, quien me informó que Carlos me daba total libertad para fotografiar el lugar pero con una sola condición: que no le dirigiera la palabra a él en ningún momento, lo cual acepté si objeción alguna mientras echaba la primer mirada panorámica al lugar, me sentí como en el Italpark con un pase libre.
En ese momento la actividad estaba en la cocina de su restaurante, El Gato Viejo, donde Carlos dirigía los preparativos del plato del día, un conejo. Intercambiamos un buen día y una mirada fugaz, y cada cual continuó en lo suyo. No tuvo objeción en ser fotografiado y hasta ofreció algunos gestos oportunos.
Luego de unos minutos en la cocina me dediqué a descubrir el lugar, lo que había visto aquella noche resultó ser solo una intuición acertada sobre ese lugar cubierto por la oscuridad , con solo algunas lamparitas colgando acá y allá, no había visto nada. Laberintos formados por grandes paneles con pinturas, esculturas en todo estado de creación puestas acá y allá sirviendo de apoyo para otras obras. Y en medio de todo eso una hilera de mostradores y varias mesas heterogéneas componiendo el salón del restaurante.
A simple vista todo era un caos, fierros retorcidos por doquier, montañas de chatarra, pero que si se la miraba detenidamente se descubrían las esculturas, que en el amontonamiento sobreponían sus siluetas generando ese cuadro general de enredo sin sentido; afinando la mirada se descubrían las obras individuales, todas dotadas de un ingenio genial. Eran las toneladas de chatarra convertidas en arte dentro de un viejo galpón ferroviario durante décadas por un chatarrero de alma que supo llevar su arte a varios rincones del mundo y trascender como artista. Leer mas...

 

 


 

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